Se puede definir la infografía como una rama dentro del campo de la creación artística que utiliza el ordenador como una herramienta para lograr una representación gráfica concreta.
Dicha representación puede estar basada en el tratamiento informático de una imagen preexistente a través de la digitalización de la misma, o bien puede ser el resultado gráfico de la aplicación de ciertos algoritmos matemáticos complejos, como pueden ser los fractales por ejemplo.
A semejanza del proceso fotográfico que tiene dos partes claramente definidas como son la toma de la imagen propiamente dicha y el tratamiento de dicha imagen en el laboratorio, las posibilidades de intervención en el proceso infográfico se descomponen básicamente también en dos, cambiando únicamente la toma de fotogramas bien por la digitalización de los mismos, bien por la creación “ex profeso” de estructuras gráficas concretas, diferentes de la fotografía.
El segundo proceso, que podemos denominar ”de laboratorio”, es el equivalente al cuarto oscuro en fotografía, donde se actúa con el fin de añadir una serie de efectos especiales inexistentes en el original.
Sin embargo todo este proceso ofrece una serie de características que lo llevan más allá del simple retoque fotográfico por cuanto que, al sustituir fotografías por cualquier otro tipo de imagen y poder trabajar con ella como si de una fotografía se tratara, se pueden lograr una serie de efectos cuyas posibilidades artísticas son, a priori, infinitas.
Mi trayectoria artística se retrotrae a unos trabajos inicialmente figurativos en los que el estrecho contacto con el quehacer fotográfico me lleva a las primeras teorizaciones sobre los principales elementos que componen la fotografía , como pueden ser la luz, las sombras o, en palabras de Roland Barthes, la fugacidad del momento.
Se presume que todo aquello que se fotografía es real solamente por el mero hecho de haber sido captado a través de un objetivo. Evidentemente este razonamiento es correcto, pero dista mucho de ser axiomático.
Una realidad cualquiera, por ejemplo un objeto, un paisaje, puede ser abstraída de su entorno mediante una iluminación concreta, pensemos en la luz de la niebla por ejemplo. Pero los objetos también pueden ser abstraídos de la realidad de una forma consciente a través de un proceso de síntesis progresiva que, como la niebla antes citada, prive al objeto de su envolvente cotidiana, que es la que le confiere, al menos en parte, su significado.
Evidentemente, llevar este razonamiento a la práctica supone seguir un camino hacia la abstracción, camino claramente visible a lo largo de mis primeras exposiciones de fotografía.
Al ir separando paulatinamente la propia realidad del objeto de su envolvente, sólo nos queda el sentimiento que produce aquello que se representa en la imagen. Es esta idea la que nos lleva a Isabel Salinas y a mí a unir poesía y fotografía en el libro “Isladak”.
Profundizando en el concepto de abstracción, y partiendo de la base del propio efecto luminoso sobre una capa fotosensible, termino mi proceso fotográfico con el “Apocalipsis según San Juan”.
Comienza entonces mi experimentación con las nuevas técnicas digitales.
Ya a finales de la década de los 80 se iba haciendo cada vez más evidente la interacción entre fotografía y ordenador. A medida que la popularización de los ordenadores lo permitía, los límites entre “realidad” fotográfica y “realidad retocada” informáticamente se iban haciendo paulatinamente más difusos, de manera que el peso específico respectivo del binomio “realidad – irrealidad” comenzaba a ser por vez primera susceptible de alteración de una manera más global y voluntaria que la mera abstracción del período anterior, sujeta a los límites del propio quehacer fotográfico.
Pero de forma paralela también se iba haciendo cada vez más evidente que el ordenador se podía “independizar” de la fotografía como herramienta de creación. De esta manera fui sustituyendo el soporte técnico de la fotografía por otro distinto que me permitiera un mayor control sobre la totalidad del proceso.
La infografía surge de esta manera no como sustitución de una técnica preexistente, sino como una rama más dentro del espectro creativo del artista. El hecho de que esta expresión artística utilice el ordenador como herramienta de trabajo es simplemente una cuestión acorde con los tiempos actuales.